Ahora mismo estás respirando entre 8 ó 10 litros de aire por minuto…..

Si estás leyendo este artículo, concéntrate e interioriza que ahora mismo estás respirando entre 8 ó 10 litros de aire por minuto. Si lo asimiláramos a beber agua ¡sería el equivalente a beber 8 botellas de litro al minuto! Otro dato; en espacios interiores como mínimo, aproximadamente el 4% del aire que recientemente has respirado, ha salido previamente de los pulmones de otras personas.

Siguiendo con el símil del agua ¿Beberías las secreciones de algún compañero? Evidentemente no ¿Beberías de la botella o del vaso de alguien? Está claro que ahora somos mucho más cautos a la hora de hacer esas cosas.

La realidad es que respirar el aire de otro no es tan relevante para nuestra salud, además es inevitable. El problema es cuando ese alguien está enfermo. Una persona con infección está constantemente lanzando virus adheridos a pequeños aerosoles al aire interior de un edificio.

En un espacio interior, el número de patógenos o contaminantes de otra procedencia, que introduces en tu metabolismo, depende solamente de un factor: la calidad de las instalaciones de dicho edificio. Muchos inmuebles tienen problemas tanto en la renovación como en la filtración del aire.

En un edificio con buena calidad del aire (adecuada ventilación/excelente filtración) la tecnología permite que el porcentaje de aire que respiras procedente de los pulmones de tus compañeros sea limitado a un nivel tal, que la probabilidad de infección se reduzca muchísimo.

Recientemente un grupo de investigadores argumentó en Science:  “En el siglo XXI debemos sentar las bases para asegurar que el aire dentro de nuestros edificios está limpio… de la misma manera que damos por hecho que cuando abrimos el grifo en nuestras casas el agua que sale es potable”.

En Salud Publica se aplica el mismo principio que en toxicología, la dosis hace al veneno. A menor número de contaminantes dentro de los inmuebles, mejor para nuestra salud.

De la misma manera que hacemos la revisión a nuestros coches, los edificios ya construidos se pueden reformar y sus instalaciones reemplazar con equipos más eficientes energéticamente y que aporten una mejor calidad de aire.

Lógicamente esas reformas cuestan dinero; sin embargo, tanto los propietarios como sus inquilinos obtendrían claros retornos; bien por mayores rentas y menores gastos operativos y los ocupantes no sólo, por una mejor salud y menor absentismo (ambos sinónimos de mayor productividad) sino por un mejor funcionamiento cognitivo de sus trabajadores.

Está claro que el protagonismo de las áreas de RRHH y de Prevención de Riesgos Laborales es mayor. No nos olvidemos que tras la derogación de la obligatoriedad de las mascarillas en interiores, que ayudan a la protección individual, ganan importancia las medidas de protección colectiva como son la purificación y la ventilación de los inmuebles. El neto es que probablemente los edificios nunca superarán su aforo real, aunque sí habrá un mayor número de personas y más diversas de manera secuencial.

Hoy es evidente que la pandemia ha dado un acelerón a muchas de las tendencias que existían antes de marzo del 2020: entre ellas el foco en salud, calidad de aire, wellness y que dichas prácticas hayan llegado para quedarse. Está claro que los propietarios deben analizar muy bien lo que tienen que hacer para retener a sus clientes y atraer a otros nuevos y que en ese reposicionamiento o ‘future-proof’ de los activos, todo lo relacionado con la agenda ESG,  destacando especialmente los temas de salud y energía tendrán un peso muy relevante.

Ref. Artículo: https://www.interempresas.net/

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